Hacer el adiós

Se fue sin decir nada, las palabras las tenía justas y la mirada luchaba por no dejar caer el agua de sus ojos. Correr a su escondite era lo que más deseaba, pero la fuerza de su andar se reducía, la visión se le quería apagar.
La fuerza ya no era la de antes.

Su corazón aceptó el rechazo del amor y decidió envolverse entre colchas para ver si apagaba el incendio provocado por las palabras: Sí terminamos.

No parecía algo tan difícil de pronunciar, la verdad era difícil descubrir, de donde procedía ese ruido hecho voz, dos cuerpos uno frente al otro, pero las palabras volaban solas. Cuatro almas en total, dos de ellas volaban con las palabras y las otras dos físicas, se mantenían derechas guardando compostura y calma.

Qué triste es dejarse.

Decir paremos estos cariños, evitemos esta conjunción que parecía quererse eterna.

Un día de rosa, y el otro de muerte.

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