Setenta veces siete
El hombre de cabello de nieve salía de la mano de su mujer y el Miedo le pesaba la maleta, al frente una pequeña aprobaba con la mirada su altivez, era su refugio, su envoltorio dulce de mentira.
No voltees el muro
No camines rápido el lodo
y así iba contanto y cantando esos números setenta veces siete
setenta veces siete setenta veces siete
hasta que llegada la noche y muerta la electricidad
bajo las sábanas de colores, se detenía a pensar y volar y llegar volando a una vida al revés
donde la noche era su día y el retroceder de los pasos lo aislaban otra vez al silencio, a la desaparición, a la extinción y la creación de nuevos sonidos de aves, palomas... como él.
Quien sabe de su cuerpo en sus vuelos nocturnos.
Por la mañana, el hombre estaba ausente
pero su fantasma estaba allí
Un autómata, con su lista de tareas
e historias escritas en servilletas
volvía a andar, llevaba la pesada maleta
y volvía a su cantata, y la versada altivez
y derrumbe de sábanas y los pasos en retro y las luces de un día solo para él.
No voltees el muro
No camines rápido el lodo
y así iba contanto y cantando esos números setenta veces siete
setenta veces siete setenta veces siete
hasta que llegada la noche y muerta la electricidad
bajo las sábanas de colores, se detenía a pensar y volar y llegar volando a una vida al revés
donde la noche era su día y el retroceder de los pasos lo aislaban otra vez al silencio, a la desaparición, a la extinción y la creación de nuevos sonidos de aves, palomas... como él.
Quien sabe de su cuerpo en sus vuelos nocturnos.
Por la mañana, el hombre estaba ausente
pero su fantasma estaba allí
Un autómata, con su lista de tareas
e historias escritas en servilletas
volvía a andar, llevaba la pesada maleta
y volvía a su cantata, y la versada altivez
y derrumbe de sábanas y los pasos en retro y las luces de un día solo para él.
Sí, era su infierno de luz de noche, de libertad y reclusión.
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