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Mostrando entradas de enero, 2020

Setenta veces siete

El hombre de cabello de nieve salía de la mano de su mujer y el Miedo le pesaba la maleta, al frente una pequeña aprobaba con la mirada su altivez, era su refugio, su envoltorio dulce de mentira. No voltees el muro No camines rápido el lodo y así iba contanto y cantando esos números setenta veces siete setenta veces siete setenta veces siete hasta que llegada la noche y muerta la electricidad bajo las sábanas de colores, se detenía a pensar y volar y llegar volando a una vida al revés donde la noche era su día y el retroceder de los pasos lo aislaban otra vez al silencio, a la desaparición, a la extinción y la creación de nuevos sonidos de aves, palomas... como él. Quien sabe de su cuerpo en sus vuelos nocturnos. Por la mañana, el hombre estaba ausente pero su fantasma estaba allí Un autómata, con su lista de tareas e historias escritas en servilletas volvía a andar, llevaba la pesada maleta y volvía a su cantata, y la versada altivez y derrumbe de sábanas y los pasos en retro y l...

El cuento en una imagen

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Ella fue una muchacha que compartía imágenes en las redes sociales, fotos en blanco y negro de personas que no miraban a la cámara, que más bien  se integraban a un contexto natural o artificial. Sí le gustaban los conceptos , las interpretaciones dobles, triples, sobre lo que llamara arte o nostalgia rutinaria. El cuento de ella estaba en una imagen, contaba su vida holgazana si estaba echada junto a su can con brazos entrecruzados bajo la cabeza, contaba su futuro si buscaba la sonrisa de la pareja anciana pero feliz, la diversión la hallaba en el deporte de niños con la pelota de trapo. No tomaba fotografías pero se apoderaba de las escenas que encontraba en fotos que publicaban los foto lovers. Esa mañana contó una historia diferente, cuando vi su red social, eran casi las diez de la mañana, su imagen era de colores, un payaso, un circo. Oh qué diferencia hallar una imagen tan colorida, tan superficial, se iría al circo? El cuento se había convertido en una expos...

Hacer el adiós

Se fue sin decir nada, las palabras las tenía justas y la mirada luchaba por no dejar caer el agua de sus ojos. Correr a su escondite era lo que más deseaba, pero la fuerza de su andar se reducía, la visión se le quería apagar. La fuerza ya no era la de antes. Su corazón aceptó el rechazo del amor y decidió envolverse entre colchas para ver si apagaba el incendio provocado por las palabras: Sí terminamos. No parecía algo tan difícil de pronunciar, la verdad era difícil descubrir, de donde procedía ese ruido hecho voz, dos cuerpos uno frente al otro, pero las palabras volaban solas. Cuatro almas en total, dos de ellas volaban con las palabras y las otras dos físicas, se mantenían derechas guardando compostura y calma. Qué triste es dejarse. Decir paremos estos cariños, evitemos esta conjunción que parecía quererse eterna. Un día de rosa, y el otro de muerte.

Escribir es dejarnos a un lado

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Una vez más me siento a ver las almas pasar, la música las lleva lejos de mi estancia pero sé que están allí aguardando al canto de reclamos al por qué no lo haces, qué esperas, el tiempo transcurre tocando con platillos las horas que pasan y yo sigo aquí frente a mi ordenador, que me observa como quieto pero es un mundo  tan  dinámico, tan vivo tan envolvente, parece ser la vida que no puedo alcanzar. Sí la vida. Hoy quisiera recorrer las calles pero no para respirar solamente, sino para llevarme alguna interrogante que me sirva a mi escritura creativa, quiero escribir una novela corta, escribir relatos, poesía, pero nunca lo he hecho de manera libre. Nunca me he dado el espacio y el tiempo para esa actividad tan autodisciplinaria. Ayer le decía a mi mamá si es que debería escribir sobre mi vida, sobre mis complejos y las historias que tengo y ella empezó diciéndome que ella así tuviera tanto que contar y terminó hablando de sí misma.  Seguía almorzando junto ...

AMA

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Esmeralda había colgado el teléfono, eso significaba que me detestaba, que ya no quería nada más conmigo. Morí por dentro, pero a los pocos minutos, un alma poseída en mí decidió llamarle. Ella por supuesto contestó, tampoco es que no tuviera sangre en las venas. Quería que sufriera, que sienta ese dolor que me causó, que quizás más que desistiera y se arrepintiera, sufra más de lo que yo estaba sufriendo. Ahora con mi doble etiqueta: ya no amigo, ya no enamorado, qué me quedaría. — No sé qué hacer —…por dónde estás —caminando por la avenida Salaverry —no te puedo decir qué hacer, me preocupas —estaré bien—aguantándome el jadeo, pero no las lágrimas Llegué a la avenida 28 de Julio, quería tomar un carro y poder alejarme de todo, hasta casa sería más de una hora. Eran como las 6 de la tarde, pensé que llegaríamos a la noche. En mi casa se harían los sorprendidos que mi cita fuera tan corta, además se me vería la amarga tristeza en mi cara. En el carro, me senté junto a la ...