Tráfico del mar
Era una mañana soleada, el corazón de la gente iba a mil, todos corriendo a sus buses atropellándose sin querer o quizás queriendo. Ella caminó entre autos casi subidos a las pistas por estacionarse, el hospital a esas horas de la mañana recibía a todo tipo de gente, enfermos, ambulantes, trabajadores, vecinos de las casas aledañas que paseaban a sus perros, corredores que aprovechaban el perímetro del hospital para hacer sus carreras de 5 kilómetros diarios, y los limosneros aprovechando la coyuntura. Este Tráfico humano era como ver cardúmenes en el mar, esquivando a otros peces, cardúmenes de los que cruzan las líneas blancas de pase en la pista, cardúmenes que iban al movimiento del bus, todos al movimiento de las curvas de la máquina acelerante, cardúmenes en las aceras unos tras otros, solo esquivando algunas personas algas o personas corales. Era una mañana soleada pero el aire era de mar, movía nuestros cabellos, nuestras prendas y nos daba un garbo matinal.
La viajera, vestía de blanco y su cabello era manejado por el aire, evitándole ver a los lados, si alguien la veía en la calle posiblemente ella ni se daba cuenta, hasta que quizás le dijeran hola con la mano en pleno rostro.
Cuando se bajó de su bus cardumen se detuvo frente a la luz roja del semáforo, aún en trance escuchó a unos loros a lo lejos, luego distrayendo su horizonte se topó con una mano, un brazo... era su compañera de trabajo que le sonreía, y saludaba. Ella despertó un momento, su cabello se detuvo, se cayó en sus hombros y espalda, pudo ver a sus lados, las personas del mar eran simples ciudadanos, con gestos amargos, y ropa oscura, su polo blanco se puso gris, su sombra proyectaba un día ardiente y deslumbrante, "todo cambia", se dijo así misma, "hola", le respondió a la mano amiga, y juntas encaminaron hacia otro mar.
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