Buscome

 Padre, tu trabajo es el que me ha llevado a todos los  sitios que conozco hoy, tu sonrisa elocuente, me hace imperecible y francamente viva. Mamá me da el color de su mejillas y su correteo de aquí y allá por la casa. No sé a veces qué respondo o qué siento, si no es con algo de explicación del ayer, de la niña que lloraba tras el muro pequeño de la cocina y rogaba por la paz. Mi hermana también me ha dado un poco de su vida: los sobresaltos y la mirada firme, me las dio junto a un peluche de conejo, o una muñeca musical, la calma venía siempre con cantos y gritos armados, en esa marea de fluctuaciones, aprendí a viajar en el silencio, y ahora cuando llego cansada a mi casa, luego de una muestra de culpa, lloro, otra vez, tras los muros... arrepentida por esconderme.

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