CONMIGO


La luz de la vela verde iluminaba la luna y la luna iluminaba la vela verde, su cercanía, una en el balcón como una lámpara incandescente y la otra admirándola en el cielo oscuro de una noche fresca, a veces golpeaba su llama amarilla limón.  Mi personaje está en una silla junto a la vela y contempla el cielo oscuro de la noche, sus ojos con gafas marrones le subían como unos diez años, quizás eran más años que esperaría. No, no quiero que espere demasiado creo que ya debe ser su tiempo, basta de personajes que esperan su historia de amor. Volvamos a la primera escena, la luna verde, la vela fría… y la llama de la vela asomándose con el brillo de la luna llena, ¡qué hermoso cuadro!, es entonces cuando suena esa canción, la que en algunos ratos le hizo derramar algunas lágrimas: Kiss me de la banda Sixpence. Se va en el tiempo por esos recuerdos de amores intranquilos, invasivos, melosos y dramáticos por doquier, ¡quién sabe si realmente amó!, ¡quién sabe si realmente lo amaron!, o solo fue la juventud, las hormonas y las canciones de la época. La canción se repite, parece un hit.
Hace tres años que Julián vive solo, su soledad es de elección propia, “qué pereza” “no más incomprensión” “para buen entendedor pocas palabras” la amistad es quizás la mejor relación para él, tenía poco tiempo para entenderse con un Julián enamorado, esa palabra le traía una colección de objetos trillados a la memoria: peluches, tarjetas, chocolates y regalitos que terminó por adoptar en su cuarto por que ciertamente le gustaban y no podía despreciar objetos de valor así; tenía unos peluches de Star Wars y unos discos de Pixies del ábum Bossanova y The Cure, las otras cosas decidió tirarlas, algunas eran parte del pasado o de un culto hacia algo que ya no iba regresar. Cuánto tiempo había disfrutado de compañía y ahora como amaba su soledad.
Como les decía, Julián no va esperar su historia de amor.
Ya lo decían los etólogos, los seres humanos no podemos enamorarnos sin habernos equivocado, aun así, continuamos en el trance del amor de la búsqueda de la comprensión. Mi amigo Julián, mi personaje, no es más que una muestra de la falla de fábrica de la que venimos los seres humanos, que a pesar de los millones de años de historia no evolucionamos en este tema, sí mejoramos en la tecnología, sí nos desarrollamos en las artes, sí avanzamos en las ciencias; pero, en el amor, seguimos fracasando. Nos ilusionamos rápido y dura poco este sentimiento, luego vemos que lo que gustaba ya no sorprende, cambiamos y al no ser los mismos nos desamamos.
Julián ha encendido una vela verde, mi hermana Camila le ha dicho que debe acudir a los ángeles y pedir la esperanza de sí mismo, el reconocimiento de aquellos que, así como él, existieron en la historia y vivieron en soledad o entre amigos. En su disposición hizo ese acto de introspección más que de cábala, sostuvo una charla consigo mismo… El amor es complicado en su definición, quizás no la tenga, quizás es un solo aprender a Hacer o un aprender a Ser en un tiempo determinado, pero a la vez es tan controversial convivir con ciertos parámetros y condiciones sociales erróneos del amor eterno. Y luego, ¡chas!, todo termina, tan inexplicable como cuando todo inicia.
Luego, de un suspiro, Julián empezó a escribir en un cuaderno “hace tanto tiempo te fuiste sin decirme adiós, tu silencio se volvió una presencia en mi día, un silencio interminable que convive conmigo en tu lugar”, en seguida borro tu texto con el deseo de borrar tu dolor, hacerte libre. Traté de sentirlo muy dentro mío y me quedé dormido. Habría pasado una hora, la mecha de la vela floreció como cuatro farolitos, me sentí descansado.
Sonó el celular, era mi hermana, ya es momento de apagar la vela.
Estoy en paz, adiós Julián, “¡ya estamos listos para una nueva noche con la gente!, ¡con la familia!”, le dije a mi hermana cuando me llamó. “Me empezó a dar hambre”, yo te invito, me dijo ella.

Felizmente no se dio cuenta que hablaba Conmigo.




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