Entradas

Mostrando entradas de 2019

Las (sin)razones de la existencia

Queremos vivir y ser felices y no sabemos que el destino final es el término de todos nuestros esfuerzos. Cuando llegamos a amar no nos satisface, queremos ser amados aún más de lo que damos, siempre habrá un desbalance cuando uno ama más. La espera por "aprender" sin embargo, ese paquete de aprendizajes viene con el cariz de lo bueno y lo malo. Hacer a nuestra familia feliz, quizás ser los salvavidas de las relaciones familiares, sacrificarse, pero todos se comprometen a eso hasta que llega el desbalance, y aún faltaría discutir el ego por ser padre o madre de alguien. Ser reconocidos, la fama, el dejar huella, trascender especialmente para nuestros seres queridos... suena muy bien, es satisfactorio en el momento. Ser efímero, pero a la mañana siguiente quizás volvamos a la duda existencial o la nada y entonces... todo parece conformarse en lo fatal. Darnos calma, a la conciencia, a aquella voz que nutrimos con saberes ( si es que lo hicimos con el Arte), decirle a la...

Pequeñas muertes

Un día de la semana nos acostumbramos a vivir, y queremos seguir con vida pero morimos prontamente. No sabemos las causas de muerte, solo caemos, si nos levantamos luego de eso ya no somos los mismos, los ojos son grises y los rostros amarillos. El sonido de la calle, condiciona nuestros pasos, apurarnos para el día que se viene... hasta que, llegada la noche existen pequeños indicios de resucitar a una vida mágica, quizás solitaria o con personas que nunca hemos visto, en sueños de colores, cada noche.

La Física versus la Imaginación

De niña quería crear salir y jugar creció y la fuerza y el tiempo le permitían trabajar pero casi a diario vuelve a recordar al silencio al compañero y cohabitan se entiende con la niña con la mujer en sueños en paralelismos en escóndites y se dan sus besos y ciertos secretos y no hay tiempos solo gente ausente en tonos grises quizás vivían ya con sus compañeros.

La nada

Y mientras me grito que no hago nada, y veo y siento esos gritos alrededor yo me quedo aquí asustada sin más que una respiración lenta y profunda No puedo, no puedo, no puedo... y el tiempo no cesa, las cosas parecen moverse solas vuelan como perdidas cometas mi música interna les da lentitud yo me apago como una máquina que está quedada sola, inerte es interesante como se genera el movimiento como el aire que ondea mis cortinas que proyectan la luz solar de la mañana se mueven se aglomeran, quizás esta pequeña actuación física me asombre de lo que sí tiene órdenes de la telequinesis sobre muestros órganos qué autoentrega inconciente corpórea qué apartado pez del cardumen y no soy cometa, y no soy órgano, y no soy pez, termino siendo nada.

Tráfico del mar

Era una mañana soleada, el corazón de la gente iba a mil, todos corriendo a sus buses atropellándose sin querer o quizás queriendo. Ella caminó entre autos casi subidos a las pistas por estacionarse, el hospital a esas horas de la mañana recibía a todo tipo de gente, enfermos, ambulantes, trabajadores, vecinos de las casas aledañas que paseaban a sus perros, corredores que aprovechaban el perímetro del hospital para hacer sus carreras de 5 kilómetros diarios,  y los limosneros aprovechando la coyuntura. Este Tráfico humano era como ver cardúmenes en el mar, esquivando a otros peces, cardúmenes de los que cruzan las líneas blancas de pase en la pista, cardúmenes que iban al movimiento del bus, todos al movimiento de las curvas de la máquina acelerante, cardúmenes en las aceras unos tras otros, solo esquivando algunas personas algas o personas corales. Era una mañana soleada pero el aire era de mar,  movía nuestros cabellos, nuestras prendas y nos daba un garbo matinal. La vi...

Tarde de televisión

Nos cruzamos y nos dijimos adiós con la mano, mamá se iba rápido al trabajo, yo llegaba cansada luego de viajar en el bus una hora desde el colegio a la casa y agregado a esto la caminata extra desde el paradero. Ese andar era un suplicio bajo un sol fulgurante y una tierra seca y polvorosa. Las ventanas en casa estaban todas cerradas, teníamos un hermoso patio en el corazón de la casa con piso de ocre, donde recibíamos aire y luz limpios del exterior, dos pequeñas salas en cada piso: una con sillones acolchados en el primer piso, donde casi no paraba nadie; y, otro de madera y cojines más rústico en el segundo piso. Allí, casi siempre nos reuníamos todos cada sábado y domingo. Teníamos varios cuartos; solía aferrarme a uno de ellos, el de la cama más grande con el televisor en frente y desde allí me acondicionaba, a solas, de lunes a viernes para almorzar y ver todos los programas que quisiera; a veces, hasta quedarme dormida. Estar sola en casa me ayudó a ser muy introspectiva...