Diario Domingo
Siempre que termino una relación me siento motivadamente libre, trato de despojarme de tanto amor como si hubiera sido una camisa de fuerza, especialmente si lo fue. A veces, lo fue por mí y mi afán de dar el 100, otras porque me convirtieron en eso. Una vez vi en un tik tok y antes quizás en un libro, que, una pareja te invita a crecer, te hace sentir el respeto y te hace vivir, sin proponérselo y es recíproco, se me quedó, pero en la práctica una se puede olvidar por la sedación del amor.
Confluyen muchas más cosas del tiempo y la cultura; de todo ello rescato la ética y podrá ser mi pareja un hombre con defectos y complejos, pero si la mentira llega a pincelear el esquema de contrucción, si solo se llegara a filtrar por aunque sea dudas, ya todo el 100 va de cuenta regresiva en segundos. Eso no anima a seguir en lo sano definitivamente, el golpe es tan fuerte como una empresa en quiebra, la pobreza, y desmotivación.
Qué queda sino en la experiencia tener el plan de contingencia, la mochila de emergencia, el libro correcto, la voluntad que dejé relajarse al inicio de la relación donde todo parecía fácil como para usarla, la voluntad que deseaba estar conmigo antes y durante mi embelesamiento.

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